Los días de oscuridad han llegado al reino de mi padre. Las ordas de orcos y trasgos son cada vez mas intensas y frecuentes en las llanuras de Tolnedra, los campesinos aterrorizados piden ayuda a los señore feudales que se refugian detras de sus inespugnables murallas mientras ven morir a todos aquellos que les juraron proteger desde su nacimiento. Promesas vacias y sin sentido, promesas rotas y olvidadas.
Las cohortes están diezmadas, la poblacion de Vargan, capital del reino de mi padre Icaria, está desanimada y triste. Las calles estan desnudas y solo unos pocos perros salen de sus escondrijos y discurrnen por una ciudad llena de miedo e incertidumbre. Ya, ni los poderosos ejercitos de Icaria, hace segura la capital del reino ni tampoco la de la familia imperial.